lunes, julio 28, 2014

Revienta, cerdo.



Os aseguro que después de leer este cómic no volveréis a mirar de la misma forma a vuestro carnicero habitual. Y mucho menos a su mujer.

Rabaté aprovecha una clásica historia de cruzadas bajas pasiones para llevarla a su terreno, ese donde habla de gente cotidiana, con sus monótonas vidas en las que de repente entra un elemento desestabilizador que las descomponen de arriba a abajo.

En este caso, nuestro amable y cordial protagonista, carnicero de profesión, es un buenazo cuya máxima preocupación es dar el mejor servicio y calidad posible a sus clientes para una vez cumplida su misión pasar a disfrutar de su familia y su colección de cómics.

De repente, un día descubre que su mujer no es todo lo leal que él pensaba. Pese a la negación inicial, poco a poco la mala sangre se va apoderando de su ser hasta llevarlo a pergeñar una muy comiquera venganza con Gil Pupila como máximo referente.

Un estupendo álbum que sin pretenderlo se hace con nuestra atención. Rabaté es un profesional de los guiones y sabe sacar brillo a una, a priori, esperable historia de cuernos para convertirla en una trágica comedia digna de los mejores crímenes perfectos de Hitchcock.

En la parte gráfica Simon Hureau toca a la perfección la partitura marcada por Rabaté, dándonos, con un trazo cálido y simple un amable retrato de nuestro protagonista, consiguiendo el tono perfecto a las intenciones del guionista.

Un cómic que da mucho más de lo que a primera vista podría parecer y nos acercará a una faceta un tanto más comercial del siempre polifacético Rabaté.

Especial interés para los más comiqueros, que encontrarán en el más que homenaje interior a la mítica serie Gil Pupila un aliciente más para llevarse el libro a casa.


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