miércoles, julio 20, 2011

Charlando con: M: Ciego, cojo y contrahecho.


El otro día fui a la feria del libro y me compré varios cómics. Uno de ellos era una recopilación de historias que el dibujante Beroy había realizado allá en la prehistoria (mediados de los ochenta) y publicado en diversas editoriales (fundamentalmente Filstrup y Ned). Yo de Beroy tengo (o tenía, si mi madre ha efectuado una de sus legendarias “limpiezas”) un ejemplar publicado en su día de 666/999, una historia de corte apocalíptico que me había gustado bastante.

Así que me senté en el sillón dispuesto a releerlo y me di cuenta de una triste realidad: me había quedado ciego. Por mucho que me esforzaba en leer, las letrujas pequeñitas se resistían a tomar sentido ante mis ojos.

Cogí el tomo y decidí dejarlo para mejor día, colocándolo en la estantería junto con los otros cómics. Y recupere la vista.

¿Milagro? No. Traición. Revisando las ediciones y reediciones me di cuenta del milagro de la reedición española: Sí, salen muchas antologías; Sí, muchas de ellas son buenas (no todas, las cosas interesantes empiezan a agotarse y, ojo, están empezando a reeditarse los pestiños); Sí, están muy bien de precio. Pero no hay Dios que los lea.

O los tomos son de 800 páginas (que no te caiga en un pie) o el tamaño del tomo es tan pequeño que no hay quien vea /disfrute el comic. Por no hablar de la moda gótica: todas, absolutamente todas las ediciones tienen que ser de lomos negros. Mi estantería parece “Selecciones del Readers Digest”

Los ejemplos son numerosos. A la cabeza me viene la reedición de “As de Pique” por Dolmen, todo en un tomo, pero de un tamaño que los magníficos dibujos de Giménez parecen miniaturas japonesas. En el mismo lote “El tercer testamento” (esta fue tan de traca que lo han re-reeditado en “formato de lujo” con un tamaño mas parecido al original), “La casta de los Metabarones”, o este “Onírica” de Beroy. Es cierto que conseguimos buenos precios, pero ¿a costa de que? Si a un mercedes lo haces un treinta por ciento más pequeño, sustituyes los asientos de cuero por unos del Carrefour y el motor por uno de fabricación japonesa… ¿sigue siendo un mercedes porque lleva la estrellita?

Las reediciones son maravillosas, permiten recuperar cosas perdidas y algunas veces mejoran ediciones de magníficas obras que en su momento fueron maltratadas. Pero estas ediciones peluco del moro donde parece oro lo que una ojeada mas reposada confirma como pirita (“fool´s gold”) creo que no llevan a otro lado salvo a pasar por caja y esperar que, algún día, se haga justicia.

Si esto sigue así, acabaré ciego, cojo y contrahecho.

M

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.
Para el lector de cómics de toda la vida éstas cosas pues le sientan mal,qué le vamos a hacer.
Desgraciadamente,es la nueva tónica general en casi todas las editoriales.Sacar tochales a precios casi de saldo,si lo comparas con lo que te costó en su momento.Ahora Astiberri va a publicar integral de Lupus,y por lo que he oído por ahí,es para dejarse los ojos ahí mismo.
Ya que comentas lo de Beroy,yo pensaba comprármelo,pero viendo el percal en su momento,pues mi vista es más importante que gastarme los 24 euros que vale.Amén de que la edición está defectuosa,ya que falta una página.No sé si lo habrán arreglado en la 2ª edición,que me extrañaría mucho que la sacaran,porque no creo que haya vendido mucho,ya no sólo por el autor que se merece vender miles y miles de ejemplares,sino por la dichosa edición de marras,que es para echarle de comer aparte.Ya mismo lo veré de saldo en cualquier centro comercial...Y es una pena,joder!
Saludos.

M dijo...

Anónimo, en primer lugar gracias por comentar.

En cuanto al tema del tamaño de Onírica (que ya ha generado calentones) el propio Beroy opina en su página que sobre gustos hay colores y que habrá gente que prefiera pagar menos a cambio de un tamaño más pequeño. En mi escasa experiencia sobre el tema solo he visto hasta ahora defender el tema de la reducción tamaño-coste a los distribuidores de las editoriales (y ahora al propio Beroy) y ni a uno de los aficionados. Todas las posturas son respetables, pero diré sencillamente que no entiendo a las editoriales. Muchas veces, el no haber comprado una edición en su momento es cuestión de edad (la del lector en relación a la obra) o de oportunidad (no la conocías, no reparaste en ella o si lo hiciste no tenias dinero para comprarla en ese momento de tu vida). Las reediciones para el aficionado se supone que son para mejorar el producto o para ponerlo nuevamente en circulación, no para abaratarlo a cualquier coste. Y creo que esta regla se aplica con mayor razón para las obras un tanto especiales. No creo que se vayan a vender 500 ejemplares más de Onírica porque cueste dos euros menos. Y como muestra, un botón: el Frank Cappa de Manfred Sommer se quedó en la estantería por la experiencia de Onírica. Pero en fin, es lo que hay. A la búsqueda de nuevos mercados.

En cuanto al tema del error en concreto, decirte que el problema no es tanto el ya famoso error de la página 171 (repetida en la 172), algo que por otra parte ya empieza a ser común en estas ediciones (obviamente, si yo edito 400 páginas, las posibilidades de meter la pata son exponenciales con respecto a las 48-56 páginas de un álbum estándar). El problema viene, como tú dices, en el servicio postventa. Si yo me compro un producto en el centro comercial del banderín verde y me sale defectuoso, al invocar el mantra “y si no queda satisfecho…” me vuelvo a casa con uno nuevo o la pasta (mola). En este caso, Glenat ha anunciado un cambio gratuito del número en su futura (veremos que tan futura) segunda edición. Pero esto (sí se cumple) es la excepción a la regla. Y si no, que se lo comenten a los de El invierno del dibujante, La Muerte de Superman o All-Star Superman por citar tres casos. Aquí la cosa se trasmuta en “y si no queda satisfecho, cómprese otro de la nueva edición”.

Volviendo al comienzo, a veces me pregunto dónde nos deja eso. Yo me cogí un rebote cuando ví, a los seis meses, la reedición de Los Combates Cotidianos en tomo a mitad de precio, hasta que compare los tamaños (y eso que Lacernet no es de los que más sufre con la “empacadora”). Ahora, ya no se trata de decidir si algo te gusta o no sino hacerlo con el peso añadido de saber si se reeditara y, si se hace, cuando y sobre todo como.

En fin, ya se sabe, las editoriales… haciendo amigos.

Te emplazo a mi próximo post sobre el tema, que saldrá cuando el librero lo decida.

PD: Yo sí me compré Lupus en su momento :-)